¿Por qué dejé de escribir? Simplemente porque se me cumplió un sueño. Mi sueño tenía forma humana, respondía a un nombre y apellidos y me erizaba la piel con el tono de su voz, con su simple sonrisa. Y dejé de escribir porque ya no necesitaba ocultarme tras unas teclas ni bajo un seudónimo para hablar de aquello que deseaba gritar. Ya podía contárselo a él, ya tenía forma real mi sueño.
Hoy, cuatro años después, mi sueño sigue siendo una realidad y yo tengo la necesidad de escribir y contar y expresar aquellas cosas que las palabras no alcanzan.
Sé que no tendré lectores y si alguien lo lee es que ha llegado aquí por remotísima casualidad. De todas formas sea cual sea el caso: Bienvenido a un rinconcito de mi.